La exploración del espacio
El espacio ha despertado en todos los tiempos una gran curiosidad y respeto para el hombre. Desde la más remota antigüedad el hombre ha dedicado una gran atención a los cuerpos celestes: la luna, el Sol, las estrellas y se ha dado al cielo las formas más insólitas: los egipcios lo creÃan semejante a un techo plano apoyado en las montañas en el cual discurrÃa la VÃa Láctea, como en la Tierra el Nilo, los babilonios creÃan que tenÃa forma de tienda de cuatro lados de cuyo techo colgaban las estrellas. Con los chinos y los griegos se entró en una concepción esférica de los cuerpos y espacios celestes. Sin embargo, no serÃa hasta la invención del telescopio ocurrido en Holanda a inicios del siglo XVII cuando se empezará la observación sistemática y cientÃfica del entorno externo. Copérnico en un nivel teórico y Galileo y Newton desde un plano experimental iniciaron el camino hacia una ciencia astronómica basada en las distintas leyes que rigen el movimiento de los astros. Pero la curiosidad del hombre seguÃa vigente: conocÃa los astros, sus movimientos, pero no habÃa podido llegar a ellos: aún estaban envueltos en un hálito de misterio, de respeto, en cierta forma parecido al temor atractivo que significaban para el hombre antiguo los espacios inexpugnables. Con el desarrollo cientÃfico-técnico del siglo XX el hombre pudo realizar uno de los sueños más antiguos: viajar al viejo y conocido satélite: la Luna. Era el año 1969 y fue el punto culminante de la aventura iniciada hacÃa mucho tiempo y que tenÃa una larga y prometedora continuidad. A partir de este año se sucedieron viajes, exploraciones, consecución de fotografÃas de otros planetas a través de satélites artificiales y naves espaciales a veces tripuladas por hombres y otras veces equipadas con unos equipos ópticos, fotográficos que han permitido enriquecer y completar los conocimientos del hombre en el espacio.
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